La idea de estar vivo sería disfrutar la experiencia,
caso contrario, cuál sería el punto en querer estar vivo. Pero el estar vivo
exige tener una vida que se pueda disfrutar y sobre todo tener la habilidad de
disfrutarla. Cuando tenemos una vida totalmente disfrutable pero no podemos
hacerlo, la vida se vuelve un sarcasmo. Casi como aquella propaganda en donde
un pez dorado es lanzado al mar en una bolsa plástica, aquel pez verá la
inmensidad del océano y las infinitas posibilidades, pero no podrá divertirse.
Aquel pez vera a los otros habitantes del océano divertirse e interactuar unos
con otros sin poder entender lo que está sucediendo o siquiera participar.
En la analogía anterior, el pez no escogió ser lanzado
al océano en una bolsa plástica, fue otro ser el que tomo la decisión por él.
En nuestro caso, muchas veces las inhabilidades de divertirnos o ser felices
son en efecto impuestas por otras personas. Es un enemigo externo el que nos
genera aquella inhabilidad de diversión. Pero que sucede cuando somos nosotros
mismos los que nos impedimos el divertirnos y ser felices, que sucede cuando
nosotros mismos construimos la bolsa plástica que nos aislará del mundo y no
nos dejará divertirnos con y como nuestros pares.
Es como si aquellas personas tuvieran todo lo
necesario para divertirse y pasarla de maravilla; tienen lo que por algunas
personas sería tenerlo todo: buen trabajo, salud, familia, pareja y amigos.
Pero a pesar de tener amigos, familia y pareja, algunas personas no son capaces
de divertirse. Es más, aun estando rodeados de tanta gente, estas personas se
sienten solas y es aquel sentimiento el que los angustia y les impide
divertirse.
Según una definición mía, la felicidad está muy ligada
a la diversión. Por lo que la inhabilidad de divertirse implicaría también la
inhabilidad de ser feliz. Y acaso no es el ser feliz el punto de estar vivos?
Puedo decir que
el tener la sensación de no entender el mundo y la sensación de soledad puede
convertir el mejor de los momentos en un instante que nos angustia y no nos
dejará ser feliz. Me refiero a levantarse con una sensación extraña en el pecho
y cualquier actividad nos generará molestia pero la falta de estas actividades
también puede generarnos molestia. En una forma muy infantil de reacción, si el
mundo no es como lo imaginábamos y las personas no actúan como lo queríamos,
nuestro humor puede cambiar y generarnos infelicidad. Una infelicidad que
tristemente a veces puede ser contagiada a los seres queridos.
Puedo decir por experiencia que es muy posible
sentirse solo en medio de multitudes y hasta junto a una persona querida.
Cuando era un niño soñaba el poder trabajar por el mundo, llegando y conociendo
culturas, lugares y personas nuevas. Puedo también confesar que hasta hace muy
poco ese estilo de vida me gustaba. Tenemos que tomar conciencia que lo que creemos cuando más jóvenes y lo que
deseamos con tanta fuerza, a veces puede tornarse realidad. Cuando un niño se imagina
así mismo siendo grande usualmente piensa en lo feliz que va a ser haciendo lo
que sea que aquel niño este imaginando y como todo es posible de imaginar,
tendremos desde visiones de empresarios hasta magos, pasando por cirqueros.
Cuando una persona llega a una edad en la que tiene
conciencia de lo que está pasando y de cómo el tiempo está transcurriendo y
sabe que dentro de poco su modus vivendi tendrá que cambiar. Es cuando analiza
las fantasías que tenía cuando niño y adolescente. Solo por ilustrar el punto, cuando ya tenemos
conciencia que la forma o lugares donde solíamos ir a divertirnos pronto van
siendo colonizadas por generaciones más jóvenes, es entonces que podemos
admitir sin lugar a dudas que ya estamos muy viejos para algo.
Ahora estar muy viejo para algo no significa que no estemos
aún muy jóvenes para otras cosas. Ahora, considero que el punto de si estamos
muy viejos o no para algo es completamente irrelevante. Según lo que considero,
es en el momento donde nos damos cuenta de la cantidad de años que llevamos en
la tierra, es cuando debemos evaluar qué cosa estamos haciendo bien y
cuestionar si es que estamos dejando huella en el mundo y viviendo al máximo.
El espíritu de aventura a inspirado a mucha gente a
hacer cosas que no creía posible y que luego serían vistas como locuras por las
demás personas o como actos heroicos, puede ser que el resultado dicte la forma
como las acciones serás juzgadas. Sin embargo para muchos es el camino el que
rige y regula las sensaciones y estados que se experimentaran.
Cuando la búsqueda se convierte en la meta, el simple
hecho de llegar a la meta destruye todo atisbo de sensación de logro y se
convierte en arrepentimiento, luego puede transformarse en angustia y
finalmente en ira. Para evitar esta sensación las personas tendríamos que estar
cambiando constantemente de meta convirtiéndonos en seres que nunca están en
paz consigo mismo pues la obtención de la meta va en deterioro de la felicidad
y es el camino el que genera esa sensación de satisfacción. Cambiar de meta u
objetivo puede convertirse en un viaje totalmente solitario y egoísta pues en
el camino las metas de una persona se pueden ver contra puestas con las de otra
o quizá cuando ambos llegaron a la meta una persona siente paz y felicidad y la
otra persona solo siente angustia y arrepentimiento.
Fácil y simplista sería explicar esta sensación
pensando que uno siempre quiere lo que no puede tener, pero que pasa si nada de
lo que puede o no puede tener lo satisface y hace feliz, es solo la búsqueda de
esta la que genera satisfacción. Si alguien está familiarizado con el concepto
de costo de oportunidad entendería que a veces las decisiones que tomamos nos
previenen de seguir otros caminos que quizá nos hubiesen dado mayor
satisfacción en teoría. Pero lo que no pueden comprender es de que
independientemente de la decisión el llegar a la meta sería destruir el
principio en sí.
Alguna vez se habló que cuando Dante describía y
soñaba con Beatriz el en el fondo sabía que si bien quería estar con ella y su
amor era solo para ella, en el momento en el que este amor se realizara y
estuvieran juntos él ya no la amaría más, pues ya no es un objeto de deseo
ahora es una realidad. La pregunta que sigue al conseguir a Beatriz es y ahora
que hago? Que pasa luego de conseguir una meta que sucede luego de que se llegó
satisfactoriamente al final del camino, acaso tocaría buscar otro camino?
A personas mucho más racionales e inteligentes que yo
las he oído decir que vivir en el futuro es una forma de desperdiciar el
presente. Estoy totalmente de acuerdo con ellos, siempre y cuando el presente
sea satisfactorio, nadie garantiza que el futuro lo será o que él pasado fue
mejor pero creo que una buena medida es la sonrisa que puede generar los
eventos y la tranquilidad que pueden otorgarnos las distintas situaciones.
Podría ser también que pesar tanto sobre cualquier cosa sea dañino para la
felicidad.
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