Así de la nada es posible reflexionar sobre los
distintos rumbos que podría tomar la vida y sobre el rumbo que tomo hasta
llegar al momento seleccionado de reflexión. Estos momentos considero que
generan puntos de inflexión en el rumbo antes mencionado y futuramente
experimentado. Cual espectadores sentados en un cine podemos analizar las
situaciones pasadas y todos los eventos que nos catapultaron hasta el histórico
momento que es hoy. Momento en el cual se hará historia anónima pero no por eso
menos importante.
Algunos tienen la costumbre de recordar y
aprender de los errores, otros tendremos la costumbre de identificar los
errores, pero siguiendo la definición de Einstein; repetiremos los mismos
errores y proceso esperando mágicamente un resultado distinto en cada intento.
Algunos fantasearemos con el pasado sin traerlo al presente o sin ponderar las
posibles consecuencias actuales, solo será un ejercicio mental de modificación
de recuerdos para modelar el futuro en base a experiencias ficticias. Luego al terminar
el ejercicio la persona volverá al estado actual y mirará para adelante el
futuro sin tomar en cuenta lo aprendido. Otros también imaginarán el presente
en base a cambios mayores en las decisiones pasadas generando un gran árbol de
probabilidades y es ahí donde todo comienza a enredarse.
Desde hace ya un tiempo los recuerdos
modificados se hacen cada vez menos frecuentes y solo quedan recuerdos simples
sin el brillo o pinceladas que le imprimen la imaginación. Es ahí cuando el
individuo podría evaluar el curso de su vida y que tan prolífica esta ha sido.
En algunos casos orgullosamente sacaremos pecho por los logros del pasado y
esperaremos repetirlos y mejorarlos, en otros casos pensaremos como fue que eso
sucedió y avergonzados cambiaremos de imagen como en el televisor.
Normalmente queremos recordar las cosas que nos
hicieron felices, pero he notado que existe una tendencia extraña de las
personas en recordar las cosas que nos hicieron sufrir. Peor aun, tratamos de
visualizarlas y hasta proyectar escenarios no conocidos en los cuales sufrimos
aun más por el conjunto de detalles que elaboramos. Esto solo hace que cada vez
nos pongamos más tristes y el sufrimiento se alarga. Sobre todo los recuerdos
de personas que hemos querido y ya no forman parte de nuestras vidas. Es ahí
donde más creativos nos ponemos, imaginando situaciones y eventos que nos
puedan dañar más. Una vez que se encuentra el tema preferido, algunas personas
le darán vueltas y vueltas haciéndolos a veces personales y otras contadas desde
un palco poco privilegiado.
Porque sucede esto con las personas o parejas
que hemos perdido, es un tema que escapa a mi comprensión. A pesar de que
existan múltiples explicaciones que muchos académicos puedan dar, considero que
nunca esta demás elucubrar algunas posibles hipótesis que puedan explicar él
porque del funcionamiento de mi cerebro.
Y así en algún punto perdí la noción de la selección natural, proceso por el cual
los más aptos sobrevivirán al juntarse con un complemento. De esta manera se dará
origen a una relación complementaria y no competitiva o sustitutoria.
Intuitivamente es posible imaginarse que esta relación debe estar basada en
personas con intereses similares y personalidades extrañamente compatibles. No
se puede dejar de lado toda la carga cultural y el impacto que tiene la
procedencia única de cada individuo. Junto con las experiencias y las
vivencias, todo lo antes mencionado nos modelo hasta llegar al punto de
reflexión en el que estamos hoy o en cualquier otro momento.
Sin embargo es importante aclarar que el
entorno instantáneo de cada uno de esos momentos también nos modifica e impacta
en nuestras decisiones. El entorno puede hacer que relajemos alguno de los
conceptos antes mencionados y de alguna manera personas diferentes entren a
nuestro rumbo. Fue en uno de estos momentos en los que en un lugar muy alejado
de mi casa y lugar de origen, un lugar donde no se habla mi idioma y donde el
tiempo transcurrió a otra velocidad conocí a una de estas personas que se
enrumbaron en mi vida. Y así como entró intempestivamente y sin ningún vinculo
previo, de la misma manera salió de mi rumbo por voluntad propia.
Es ahora cuando reflexiono sobre lo sucedido,
es ahora cuando medito sobre que fue lo que pasó. Las personas tenemos que
diferenciar cuando estamos encaprichados con alguien, esperanzados con alguien
o simplemente enamorados de alguien. Sin aquella diferencia sería muy difícil
valorar el pasado y decidir sobre el futuro mientras se reflexiona en el
presente.
La persona que esta encaprichada con otra, solo
necesita algún otro capricho que sustituya el anterior. Este sustituto no tiene
que ser otra persona necesariamente, por ejemplo al perder una enamorada con la
cual estábamos encaprichados nos sentiremos tristes egoístamente, no pensaremos
en ella ni en los momentos juntos, solo pensaremos que ya no tenemos algo que
era el objeto de nuestro capricho. Solo basta algún otro evento importante para
sustituir el objeto al cual nos habíamos encaprichado. En esta situación la
persona se convierte en un objeto y cualquier otro objeto que nos genere el
mismo nivel de interés de alguna manera será igual de importante.
Cuando la persona esta esperanzada con la otra
persona, las cosas se complican un poco más. En esta situación nosotros ya
habíamos pensado un escenario futuro en el cual sentíamos que necesitamos de la
persona para suplir, mejorar u modificar una situación actual. Es decir en este
caso él hombre ya se había esperanzado a no estar solo en alguna fiesta por
ejemplo, a caminar con su enamorada, algunos otros se habrán imaginado casados
o con familia. Para que esto suceda la enamorada ya no es más un objeto, es una
persona que nosotros identificamos como capaz de modificar nuestro futuro, el
problema esta en que aún tiene un componente egoísta, si bien pensamos de a
dos, es nuestro futuro el que visualizamos y como este nos afectará a nosotros
y nuestras decisiones. Nuestra felicidad prima sobre la felicidad de la pareja
y no se contempla sacrificio significativo alguno por la felicidad de la otra
persona. Cuando las cosas se terminan, el efecto es horrible, todo el futuro
que habíamos creado se desbarata y es como si la realidad que conociéramos se
vería afectada. Ya no se habla de capricho, ahora están atentando contra el
escenario que aviamos creado e interiorizado. Cuando se termina no dejaremos de
visualizar ese escenario de la noche a la mañana. Seguiremos pensando en él y
se nos hará muy difícil olvidar a la otra persona por que estaremos dándole
vueltas al futuro que creíamos cierto.
Pero cuando se habla de enamorarse todo se hace
mucho más interesante, en este caso ya no estamos hablando de capricho o de esperanza. En este caso hablamos de todos
los sentimientos humanos mezclados y sucediendo a la misma vez sin ningún orden
o lógica, todo se da de manera abrupta. En este momento ya no solo importa
el bien personal o de la pareja si no
que el bien de la otra persona individual nos puede generar felicidad a pesar
de que a veces implica atentar contra nuestro confort. En este momento la
persona llego al nivel máximo de sentimiento humano, donde todos los
sentimientos le dan paso al amor ágape, el que rostiza y enloquece. Ahora, es
posible hablar sobre los casos anteriores, pero al tratarse de amor todo se
vuelve inútil. Pues tratar de describir o explicar este sentimiento
significaría una ilusa arrogancia de mi parte, es cuestión de tener la certeza
de que no necesita análisis y sucede cuando pasa.
Lo interesante, ahora que estoy pensando en el
tema, es que experimentemos todos los tipos de situaciones posibles para crecer
y ser capaces de vivir en el mundo amplificando las situaciones para que cada
evento independiente sea lo más intenso posible. Así cada experiencia aportará
algo al individuo que cada uno de nosotros imagina y al que cada uno de los
otros percibe. Además las percepciones de las demás personas se verán distorsionadas
pues estas serán valoradas contra el bagaje y recolección de eventos que cada
cual ha vivido.
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