miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cuando viajaba de regreso


Hoy estuve pensando cuando viajaba de regreso, estaba despertando de mi viaje. No me había movido pero ya había visitado aquel lugar donde todos nosotros caemos ensimismados cuando no podemos concebir a las otras personas. En aquel lugar se elucubran pensamientos que durante el correr de las horas dentro de nuestro tiempo, espacio y días no tienen cabida.

A veces, ese lugar ha sido la fuente de las soluciones más ingeniosas y obvias para problemas complejos que a la luz del ojo despierto y el cerebro vivaz no tienen solución. Pero que al momento de abstraerse y dejar de lado algunos pre conceptos y entrar en el mundo donde todo es posible, la solución brota del imaginario como vomito descontrolado que llena todo los espacios y no deja lugar para el pensamiento al que solemos llamar cuerdo. Es en este momento en el que considero que se puede ser creativo pues es el hecho de crear algo sin precedente.

Normalmente cuando solemos pensar que hemos creado algo, al final la idea es solo una optimización o imitación mejorada que en algún momento de nuestras vidas hemos percibido de alguna manera y por algún motivo esta impresión se quedo en nuestros cerebros aguardando a ser gatillada por algún estimulo especifico. Pero es muy raro estar en presencia de creatividad pura, original y verdadera.

Es iluso pensar que todos tendremos la oportunidad de ver creatividad verdadera acontecer ya sea en nuestros cerebros o en los cerebros ajenos. Pero la inquietud de que pasaría cuando esta suceda es emocionante, pues estaríamos viviendo un concepto nuevo sin antecedente alguno, podría ser que no sabremos como reaccionar o que la reacción sea la equivocada. Sin embargo es nuestras acciones en ese momento las que definirán como viviremos luego de aquel suceso extraordinario, podría ser que en el omnipresente sentido de supervivencia, nuestra cosmovisión bloquee el suceso, nos obligue a olvidarlo, nos haga no percibirlo o aún peor podría que ser que nos obligue a dañarlo.

Es de esa manera como al final una decisión frente a un hecho nuevo podría degenerar en tragedia o en un cambio radical de nuestros paradigmas. Ahora como juzgar a las personas que reaccionan de una manera frente a estos hechos como inteligentes o no, es una cuestión que a mi parecer requiere de un alto grado de individualismo y una dosis no menor de egoísmo. Pues necesitaremos olvidarnos del otro para conseguir pensar solo y únicamente en nosotros y en como nos sentiremos frente a un estimulo determinado o con suficiente suerte frente a la creatividad pura, la creación de un suceso. Con el fin de poder evaluar las reacciones deberemos compararlas con los sucesos propios de nuestras vidas, donde cada evento se amoldara y será percibido de una u otra manera. Recordando que existen seres muy poco propensos al cambio a los cuales cualquier cambio en sus paradigmas los afecta y los amenaza, por tal motivo tienden a defenderse.

Es en este momento donde en algunos cerebros no domesticados, surgirá la necesidad desesperada de eliminar a estos seres reacios al cambio. Surgirá en la mente de las personas reacias al cambio la necesidad de eliminar a estos seres que están promoviendo algún tipo de cambio en el estatus quo que tanto les costó acostumbrarse.   Finalmente surgirá en el medio la facción no menor de personas que son indiferentes a los eventos magníficos que están sucediendo, aquellas personas que no sienten la necesidad de cambiar el universo que los rodea o preservar el universo que los rodea. Estas personas suelen adaptarse a los eventos que suceden en paralelo a su existencia. Se ha llamado alguna vez a estas personas tolerantes y hasta se ha asegurado que serán los únicos que conseguirán acercarse más a la felicidad. Pero que es felicidad sin gloria, sin dejar una marca en el universo; ya sea por cambiarlo o por preservarlo. Sin un rastro de su existencia pues no fomentaron ningún tipo de pensamiento extremo y no tomaron partido en el gran cambio que acontece desde que nos levantamos hasta el último suspiro que damos en este mundo. Donde la persona que quiere dejar una huella necesita aprovechar todo y cada uno de los suspiros, debe consumir cada segundo pues no tiene muchos para lograr un verdadero cambio.

Así pues tendremos personas a las cuales el mundo les da igual y no se sienten afectados, amenazados o incomodos en el ambiente que los rodea. Pero al final es necesario recordar que es un trabajo exhaustivo tratar de cambiar o preservar el mundo, en este intento no se tendrá descanso y siempre habrá más por hacer. Mientras que las personas que no se sienten afectadas por el cambio conseguirán ocupar sus días en otras actividades o simplemente no ocuparlos. Es difícil vivir queriendo siempre algo más, sintiendo que la acción esta en el conseguir algo nuevo y al momento de conseguirlo pierde valor.

Cuando solo buscamos nuevos retos que nos ayuden a cambiar nuestro universo, el obtener una conquista no suma a nuestras hazañas solo consigue que cada vez necesitemos de mayores eventos para sentirnos ocupados. Cuando al momento de tener algo, ya no tiene valor y hasta resta valor o incomoda. Es en ese momento cuando considero que es necesario detenerse a pensar en que esta sucediendo, pensar que paso con los momentos de creatividad pura y el ímpetu por cambiar el mundo. La recurrencia llega en muchas formas y el afán de evitar la recurrencia puede transformarse en un patrón, luego en una constante y finalmente sin darnos cuenta caímos en lo que evitábamos.

Entonces es necesario otra vez detenerse a pensar, analizar los hechos recientes en orden cronológico. Entonces con mucha vergüenza veremos que ya no somos capaces de disfrutar los momentos en paz, necesitamos crear un ambiente de crisis para sentirnos cómodos. Necesitamos destruir la tranquilidad que disfrutan en búsqueda de un momento de gloria, la cual llegará cuando exitosamente se pueda pasar a voluntad de un estado tranquilo y pacifico a un estado de crisis y de tensión para finalmente regresar artísticamente al momento de paz.

Pero es en este intento que a veces perdemos a las personas que no están dispuestas a que un individuo trastornado juegue a su libre albedrio con sus emociones y estados mentales. Pensándolo desde afuera, dejando el cuerpo y la mente descansar por un momento y subiendo a un estado de reflexión, podríamos llegar a la conclusión que es una especie de tortura mutua  tanto para la persona a la cual se le esta cambiando el humor a voluntad como la persona que necesita de las crisis para no aburrirse. Tan individualista como suena, la diversión de una persona radica en generar ambientes tensos e incomodos para otros, independientemente de la relación que se tenga.

Y de esta manera podremos seguir buscando la creatividad y creación pura, la búsqueda podría tener consecuencias no deseadas. Algunas personas perderán la capacidad de divertirse y de pasarla bien con los momentos simples o comunes en la vida. Aún en momentos o situaciones extraordinarias, estas personas estarán inhabilitadas para encontrar placer y diversión donde el 99.9% de las personas lo hacen. Triste como suena se llegará a una etapa donde ni la crisis ni la paz le generara satisfacción y en ese momento no les quedará nada más que iluminarse.   

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